jueves, 17 de julio de 2008

Entrevista a La Raulito


Martes 5 de septiembre de 2006

LA RAULITO 1 ESTUDIANTES 0

El gol que hice en la Bombonera fue la hazaña más grande de mi vida”

Su sueño de chica era jugar en Boca y lo logró... aunque sólo por unos minutos. “Ese día hice levantar a todo el estadio”, recuerda.


María Esther Duffou o La Raulito, como siempre se la llamó, hoy vive en el Hogar Rawson, en Constitución, junto con La Mami, su verdadera amiga y compañera, quien es también como una madre que la acompaña desde hace casi 60 años. “Toda una vida”, menciona la hincha más famosa de Boca Juniors y agrega: “A ella le decían ‘Señora, dele educación a su hijo’, porque yo era bajita, flaquita y de pelo corto en ese entonces”.

En su pequeño cuarto adornado de azul y amarillo y cargado de fotos y placas en reconocimiento a su amor por el club de la ribera, recibe amistosamente a quien la visite con su nuevo corte de pelo al estilo Martín Palermo en 1998: la cabeza rapada y el flequillo rubio tapando la mitad de su frente.


Dueña de un buen humor envidiable, a los 73 años, La Raulito disfruta del presente de Boca y comenta que le gustaría vivir cerca de la Bombonera y conseguir un hogar para algunos abuelos que lo necesitan.

-Hoy es muy reconocida, pero ¿desde cuando es hincha de Boca?
-¡Uh! De chiquita me hice de Boca, nadie me dijo nada, a mi me gustaron los colores: el azul y el oro como el cielo y el sol. Pero nadie me hizo de Boca, a mi me gustó la camiseta.


-¿Y cuál era su deseo en ese entonces?
- Yo quería jugar en Boca, hasta me fui a probar un día, pero por ser mujer no podía jugar con los varones. Igual era buena, hacía la palomita, le pegaba a la pelota con las dos piernas y jugaba con los vagos en la plaza. Los únicos que sabían que era mina eran ellos.


- Y aunque era imposible que integrara un equipo de hombres, igual pudo demostrar sus habilidades...
- Si, el día que le hice un gol a Estudiantes. Boca tenía una mala racha, ese día empataba
0-0 y dije ‘el gol lo voy a hacer yo’. Estaba el palco viejo en la Bombonera y me tiré a la cancha, se quedaron todos quietos, tuvieron que parar el partido. Yo paré la pelota y le pegué de chanfle, el arquero ni la vio. Me acuerdo que en Boca estaba el petiso Escudero y en Estudiantes Galván, el único que me corría, pero era rápida, el referí me llamaba y yo del susto me metí en el vestuario de los contrarios, los viejos me decían ‘por culpa tuya van a clausurar la cancha’, pero al final no pasó nada. La revista El Gráfico tituló: "La Raulito 1 Estudiantes 0". Por eso, el gol que hice en la Bombonera fue la hazaña más grande de mi vida.


-¿Nunca pensó en probar con el fútbol femenino?
- No, yo me río con el fútbol femenino, nada que ver. En ese momento que una mujer haga un gol y¡contra los varones!, ni se pensaba. Ese día hice levantar a todo el estadio.


-¿Cómo era usted de chica?
-¡Uy! Yo hacía cada cosa... En el zoológico agarraba esas galletitas que te dan para tirarle a los monitos y me las comía todas. Un día nos retaron, a ella (por La Mami) le decían ‘Señora, dele educación a su hijo’, porque yo era bajita, flaquita y de pelo corto en ese entonces.
(Se ríe) Nos retaban porque yo me comía las galletitas del zoológico... Además me metía entre la gente para que no me prohibieran la entrada.


La Raulito nació el 26 de julio de 1933en el Hospital Tornú de Villa Urquiza. Su madre falleció de tuberculosis y su padre era alcohólico. Pasó una mala infancia y eso la impulsó a buscar una vida diferente en la calle, donde adoptó los hábitos de varón para defenderse mejor. Allí también encontró su sobrenombre.


-¿En qué lugares pasó toda su vida?
- Yo estuve en muchos reformatorios, en la calle me las tenía que rebuscar, fui canillita y lustrabotas. Después estuve en hogares y de grande siempre viví en los geriátricos por PAMI.
El otro día hablé con Macri y le dije que me gustaría vivir cerca de la Bombonera, ‘Espere que sea Jefe de Gobierno’ me dijo. Lo de conseguir un hogar para seis abuelos quedó en el aire, hablé con Alicia Kirchner y sé que eso llegó a los oídos de Tellerman pero no pasó nada más.


-¿Cómo es el trato hacia los abuelos en este hogar?
- Acá hay mucho abandono, a los abuelos les dan de comer de lunes a viernes, sábado y domingo tienen todo cerrado, muchos están durmiendo en Cáritas pero les cobran cinco pesos. Además el matafuegos lo pusieron cuando se armó lío, sino no había nada. Yo he estado en Córdoba, es un chalet el hogar de día y a la hora de irse hay una camioneta que lleva a los abuelos a sus domicilios, pero acá no, se van como pueden.


-¿Y el personal cómo es con usted?
- Hay mucha gente que te mira por encima y que parece que tiene miedo de ensuciarse si se le acerca a uno, a mi esa gente me da asco. Me gusta la gente de barrio, la gente de pueblo, la gente humilde, que respete a los abuelos, a los adultos y que donde hay niños cierre la boca.
A mi me saluda el panadero, el zapatero, el borracho, la prostituta, los vendedores. Todos vienen a saludarme y a darme un beso, a la gente como la de acá ¿Quién la va a besar? Por eso yo siempre le digo a la gente que mande mis saludos a los que conocen.


Le resulta difícil caminar con el bastón que lleva para acompañar la rehabilitación por la operación de su rodilla derecha, sin embargo insiste en levantarse para buscar algunas fotos que se sacó con varios futbolistas.
Desde muy joven tuvo vía libre para entrar a los vestuarios y al campo de juego. Era amiga de todos los jugadores.


- Vio muchos planteles en la historia de Boca ¿Cuál le gustó más?
- Los mirás a todos como una madre cuando mira a un hijo: uno es rubio, el otro es morocho, pero es la madre y los mira a todos igual. Para mi son todos iguales, los quiero a todos. Si sos de Boca tenés que querer al plantel; porque si no querés al plantel, no querés al director técnico, no querés a nadie entonces... quedate en tu casa. Yo cuando voy a ver a Boca saludo a todos porque te encariñás. Y ese afecto familiar que tengo ahí adentro no te lo dan donde estoy ahora.


- ¿Y de los directores técnicos cuáles le gustaron más?
- Me gustó mucho Bianchi, era todo un señorito, tiene una cultura bárbara.
Pero recuerdo al Toto Lorenzo, cuando yo era joven, siempre serio me decía ‘¿Qué hacés Raulito, cómo te va? Tomá, andá a comprarte un sándwich de mortadela’. Y Basile también es muy bueno. Esperemos que La Volpe no me corra, si no le pido un escobillón y voy aunque sea a barrer.


-¿Cuál fue para usted el día más emotivo?
- Con Boca fueron muchos, pero el día de mi cumpleaños 72 que me pusieron un pasacalle y me vinieron a buscar en limusina, juro que me hicieron llorar, no esperaba eso. Había mucha gente, hasta de Córdoba, también fueron algunos de acá y muchos ex jugadores de Boca como el Chino Benítez, el Colorado Suárez, Nicolau y muchos más. Fue una fiesta bien grande.
Uno de los aspectos que no todos conocen de La Raulito es el amor por los animales. En el hogar hay varios perros, pero la más afortunada es la Pinky, que es como una hija para ella. “Sólo le falta hablar”, comenta.


-¿Hace cuánto tiempo la tiene?
- Hace 8 años. Me la quedé porque le pegaban con palos. Yo la amo. Y pensar que cuando la agarré tenía las patas colgando, no ladraba. Le faltaban dos días para morir. Ahora me preguntan qué le di... afecto, cariño y amor. Le di mucha leche en mamadera, la hice bañar, le puse ropita para el frío y ahora está fuerte. A la Pinky no le gusta que llore, enseguida viene y me lame la cara. Además no deja que nadie se lleve nada que no sea suyo. Es muy inteligente.


Humilde como toda su vida y bondadosa como aprendió a serlo, hoy La Raulito deja ver a una mujer que está lejos de la agresividad con la que siempre se la asoció: “Los de River rompieron los autos de los jugadores y los de San Lorenzo los insultaron, eso no está bien”, remarca un tanto enojada y agrega: “Después hablan de La Raulito”.


Su popularidad es verdadera, todos aquellos que pasan cerca suyo la saludan cariñosamente. “Así me gusta Raulito, que sea del pueblo”, le dice un hombre. Antes de la despedida se ofrece a firmar autógrafos y no olvida enviar como siempre “Saludos para todos”.


Analía Pedicino

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